Termina el verano y ya sentimos la nostalgia de esas largas jornadas de sol y calor. Pero no sólo el alma lo siente, también tu cuerpo. Especialmente la piel puede sufrir con la llegada de las bajas temperaturas y con los cambios térmicos repentinos, debilitándose.

En efecto, nuestro organismo necesita adaptarse a cada cambio de estación. En ello, la piel no es una excepción y diversos factores climatológicos (como la lluvia, la humedad, el frío y el viento) pueden alterar sus equilibrios. A ello pueden sumarse los cambios rápidos de temperatura: el paso de ambientes fríos a ambientes calefaccionados y viceversa puede resultar realmente nocivo para nuestra piel.

Si bien la epidermis posee sus propios medios reguladores y de autodefensa, las bajas temperaturas producen cambios fisiológicos vinculados con los procesos de termorregulación que pueden ocasionarle alteraciones y trastornos, debilitándola. En efecto, los cambios bruscos de temperatura pueden afectar los vasos sanguíneos y la capa hidrolipídica de la piel, acentuando la pérdida de agua. Los síntomas más comunes que señalan estas alteraciones son el enrojecimiento, la sequedad, la descamación y la falta de brillo de la piel.

Por ello, debemos adoptar muchos cuidados y precauciones si deseamos mantener nuestra piel saludable y prevenir el envejecimiento prematuro. En base a los estudios publicados por la Academia Española de Dermatología, en este articulo te daremos algunos consejos para que puedas cuidar mejor de tu piel durante el invierno. ¡No te los pierdas!