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Si quieres perder peso, a menudo cometes el error de saltarte comidas fundamentales como el desayuno, el momento en el que deberías estar lleno de energía para todo el día. Para perder peso, a menudo basta con tomar un buen desayuno, nutritivo y equilibrado, y mantener este buen hábito incluso cuando se han conseguido los resultados deseados. No hay que renunciar a comer bien para estar en forma: basta con elegir los alimentos adecuados para empezar el día.

Cómo recargar las pilas

Para superar un día duro con la máxima energía, debes asegurarte de obtener la cantidad adecuada de calorías. Un buen desayuno incluye fruta fresca, como pomelos y plátanos, y algunos frutos secos. Estos alimentos, ricos en vitaminas, antioxidantes, fibra, proteínas y ácidos grasos esenciales, pueden proporcionar la cantidad adecuada de energía, especialmente si se combinan con una lonja de pan tostado. Saltarse el desayuno puede provocar falta de concentración e importantes subidas de insulina. El chocolate negro también puede ser una gran ayuda para reponer energía y evitar una acumulación excesiva de calorías. Sólo 50 gramos contienen hierro, potasio, fósforo, metilxantinas y antioxidantes. También es bueno el pan integral con un poco de mermelada, sin exagerar con las cantidades.

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Mientras que el primero es rico en fibra y almidones, el segundo contiene azúcares simples, una combinación que permite una liberación constante de energía a lo largo de la mañana.

Cómo estimular el metabolismo y consumir la cantidad adecuada de calorías

En el desayuno no hay que exagerar con las calorías, por lo que es aconsejable tomar leche o yogur bajos en grasa o veganos, de los que ahora hay muchas variedades disponibles en el supermercado (de soja, arroz, avena, almendras, avellana, quinoa, coco). Los cereales integrales son muy adecuados para estimular el metabolismo, pero hay que tener cuidado con ellos. En las tiendas puedes encontrar todo tipo de cereales, pero no todos son adecuados para una dieta sana y equilibrada. A la hora de comprarlos, hay que comprobar siempre que no contengan azúcares añadidos, conservantes, grasas vegetales hidrogenadas, aceites tropicales y aditivos alimentarios, a menudo denominados «E» y similares.