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El contacto entre la madre y el bebé es insustituible. Las caricias y los abrazos ayudan a crear un vínculo que se fortalecerá con el tiempo. Los beneficios del contacto piel con piel entre padres e hijos son numerosos e influyen en el desarrollo psicológico, físico y social de los pequeños. Pero eso no es todo: un estudio reciente ha revelado cómo esta intimidad también deja su huella en los genes.

El estudio: los efectos a nivel genético

El estudio, publicado en Development and Psychopathology, pretendía investigar los efectos del contacto físico, o la falta de él, a nivel genético. Investigadores de la University of British Columbia y del  BC Children’s Hospital Research Institute observaron el comportamiento de 100 familias con bebés de 5 semanas. Para ello, les proporcionaron un diario en el que registraban su comportamiento y sus hábitos, incluida la cantidad de tiempo dedicada al contacto físico. Cuando los niños tenían 4 años y medio, los científicos analizaron el ADN de los niños y lo relacionaron con las actividades recogidas en los diarios. Los resultados mostraron diferencias considerables entre los niños que recibieron más mimos y los que experimentaron más situaciones de estrés y desapego.

Las diferencias en el desarrollo genético de los niños

La metilación es un mecanismo de regulación epigenética esencial para el desarrollo normal y el correcto funcionamiento celular.

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Los investigadores se centraron en la metilación del ADN porque es un proceso en el que pueden influir los hábitos y los agentes ambientales. Los resultados mostraron que los niños con poco contacto físico tenían una edad epigenética más baja. Estos niños mostraron un retraso en el desarrollo de la metilación genética con respecto a 5 regiones del ADN, en particular 2 regiones relacionadas con el funcionamiento del sistema inmunitario y los mecanismos metabólicos. Todavía no está claro qué significa esto, pero Michael Kobor, profesor de genética de la Universidad de British Columbia, dijo que «la metilación lenta podría indicar problemas de desarrollo».

La importancia del contacto físico para la salud

El mundo de la ciencia y la medicina lleva más de 40 años investigando los beneficios del contacto físico entre los padres y el recién nacido. La Organización Mundial de la Salud recomienda el contacto piel con piel para todos los recién nacidos, ya sean a término o prematuros. Este contacto ayuda a iniciar la lactancia, la termorregulación, la respiración y la regularidad de los latidos del corazón. Por ello, el Kangaroo Care (terapia marsupial) se ha incluido entre las prácticas de cuidado de los bebés prematuros y ha reducido en gran medida la tasa de mortalidad de los bebés por apnea y bradicardia (latidos lentos). Si se confirman las importantes observaciones de estos nuevos estudios genéticos, contribuirán a dar aún más relevancia científica a la intimidad entre padres y recién nacidos.